domingo, 30 de agosto de 2015

No habrá paz para los malvados

No habrá paz para los malvados


Campamento de refugiados en la frontera húngara.

Llevamos varios días observando y recibiendo noticias, desde la frontera grecomacedonia y desde la serbohúngara, de decenas de miles de refugiados, en su mayoría sirios, que huyen de la guerra, las matanzas, la barbarie, el fanatismo y el terror del Estado Islámico. Todos ellos, víctimas de su necesidad, se agolpan en trenes, cruzan alambradas de concertinas y burlan a las policías fronterizas con el único anhelo de llegar a Alemania y empezar una nueva vida.

Esta misma situación ya nos conmocionó, y aún sigue haciéndolo, con el éxodo masivo a través del Mediterráneo. Por sus incontables víctimas humanas que han hecho de este mar un auténtico cementerio submarino.

En ambos casos la respuesta europea ha sido la misma: cierre hermético de fronteras y establecer cuotas (que estamos hablando de seres humanos, señores) de refugiados políticos. En el Mediterráneo se ha desplegado la Marina Italiana, pero ningún plan de rescate de personas, y el goteo de muertos no para. En la frontera serbohúngara han desplegado kilómetros de alambradas con concertinas, se amenaza con enviar al ejército y se anuncia que se va a construir un muro para detener el flujo migratorio, cuando no hay ni valla, alambrada o muro que los pueda contener.

En su origen la CEE (ahora UE) buscaba la paz entre los europeos después de dos catastróficas guerras mundiales. El motivo de su origen era la Paz. Después nos vendieron la fotografía de una Europa de todos, sin fronteras, tolerante y solidaria. Una Europa sin fronteras. Y por eso se le dio el Nobel de la Paz.

Ahora, con la actual crisis migratoria en la frontera serbohúngara, la del Mediterráneo, y por supuesto, también la de Ceuta y sus concertinas, vemos que ese cuento de la tolerancia y la solidaridad europea y la Europa sin fronteras no era más que eso, un cuento. Si a esto le añadimos el trato que se le ha dado a Grecia, con medidas draconianas, para permitirle existir, más propia de un cártel mafioso que de unas instituciones democráticas.
La Europa de los valores, la que nació para que los europeos viviésemos en paz, se ha pervertido en algún punto del trayecto, no sé en cuál, pero ahora mismo Europa es la Europa de los mercaderes y de los especuladores, vendida a los intereses del mercado. ¿Sirios, afganos, iraquíes, senegaleses, nigerianos, congoleños? A quién les importa, ellos ni compran ni consumen.

¿Es esta la Europa que queremos? Yo no la quiero, así, no.

Jonathan Rubio H. - 30/08/2015

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