martes, 29 de noviembre de 2016

Fidel, el último revolucionario

Fidel, el último revolucionario

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Fidel Castro y el "Ché" Guevara.

Todo empezó, también, un 25 de Noviembre, pero de 1956, cuando el Granma zarpa clandestinamente desde México con 82 guerrilleros, luego reducidos a 12, iniciando la lucha contra la miserable y despótica dictadura de Batista que hizo de la isla caribeña un paraíso de la corrupción institucionalizada, un prostíbulo y casino yanqui, un lugar de retiro vacacional de mafiosos y un bazar de la droga. Tres años más tarde, y después de que el Primer Ministro de la URSS, Nikita Kruschev, reconociese que no conocía a aquel grupo de “barbudos cubanos mal armados” de Sierra Maestra, éstos barbudos hacían su entrada en La Habana.

61 años habían pasado desde que Cuba consiguió desprenderse del yugo colonial español, pero al precio de ser tutelados e intervenidos por el Imperio. En 1959, siguiendo la canción de Carlos Puebla, se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó parar. Se convirtió en un símbolo, para unos, un héroe antiimperialista en un mundo que daba sus últimos estertores colonialistas, para otros, los “gusanos” financiados por el Imperio expulsado de Cuba, un implacable y sanguinario dictador.

El legado que deja Fidel Castro, a pesar de la bilis que vomitan los medios conservadores y afines al régimen en la que abandonan hasta el lenguaje políticamente correcto, es el de un pueblo que con él rompió las cadenas de su pasado de colonia y desde esa minúscula isla del Caribe fue capaz de plantar cara a todo el poder político, económico y militar de su poderoso vecino del norte. Una diminuta isla, que a pesar de los pesares de la matonil y analfabeta “gusanada” de Miami y su propaganda, en la que se liquidaron los grandes latifundios a favor de cooperativas agrícolas, donde consiguió alcanzar uno de los mayores índices de esperanza de vida del mundo, de los menores índices de mortalidad infantil en un mundo donde millones de niños duermen en la calle y en el que ninguno es cubano, de las mayores tasas de alfabetización y escolarización con seis millones de universitarios en una población de 11 millones de habitantes o el ser el primer país donde se consiguió aislar el SIDA y la sífilis entre la madre y el hijo o hija a pesar del boicot sanitario y farmacéutico. Todo ello reconocido por organismos tan poco sospechosos de simpatizar con el comunismo como la ONU o la OMS.

Gracias al internacionalismo de Fidel Castro, el legado de este pequeño país traspasa sus propias fronteras en la defensa de los oprimidos, interviniendo en Angola y derrotando al ejército sudafricano, lo que aceleró el derrumbe del apartheid y la liberación de Namibia, o enviando más de 700 médicos a Liberia y Guinea para combatir la reciente epidemia de ébola.

Finalmente, el Imperio, en 2014, se vio obligado a aceptar el fracaso de sus políticas anticubanas y admitir su derrota diplomática frente a esos rebeldes que estaban a  unas 100 millas de sus costas.

Con Fidel, también en un 25 de Noviembre, desaparece el último revolucionario y termina una era en la que sobrevivió a diez presidentes del Imperio y más de 600 intentos de asesinato, al intento de invasión de Bahía de Cochinos en 1961, a la Crisis de los Misiles en 1962, al brutal bloqueo y boicot económico de todo el orbe occidental instigado por Washington y al colapso soviético de 1991 y el “periodo especial”.

¿Quieren conocer a Fidel Castro? Fíjense en quién llora su desaparición y en quién la festeja.

Jonathan Rubio H. - 28/11/2016

martes, 22 de noviembre de 2016

El cuento de la Transición

El cuento de la Transición

Adolfo Suárez. Fotograma de LaSexta.

Esta pasada semana LaSexta ha dado a conocer un fragmento off the record inédito de una entrevista de Victoria Prego, la cronista oficial de la Transición, al desaparecido Adolfo Suárez del año 1995, en la misma dice textualmente:
  • Adolfo Suárez: Pues es simplemente que la mayor parte de los jefes de Gobierno extranjeros me pedían un referéndum sobre monarquía o república…
  • Victoria Prego: Claro, y eso era peligrosísimo en ese momento.
  • Adolfo Suárez: Hacía encuestas y perdíamos.
  • Victoria Prego: Claro.
  • Adolfo Suárez: Y era Felipe [González] el que estaba pidiendo a los otros que lo pidieran. Entonces yo metí la palabra “rey” y la palabra “monarquía” en la ley [de Reforma Política] y así dije que se había sometido a referéndum ya.

La revelación llega después de 21 años desde la entrevista y 40 después de la Ley de Reforma Política. En 1976 la Constitución y la Ley de Reforma Política fueron refrendadas por la ciudadanía que quería dejar atrás la dictadura, pero en el mismo paquete democrático nos habían “colado” a la monarquía en aquel entonces, y ahora hace dos años con la restauración borbónica. En España la gente vota mal excepto cuando vota bien.

Hace 40 años era la monarquía y la amnistía a los criminales franquistas. Hoy es el TTIP o la gobernabilidad. Cuando está en peligro el Nuevo Orden, que realmente es el viejo, emanado del 78 deciden por todos, ellos saben qué es lo mejor, nosotros no. Sin ir más lejos la decisión del PSOE en la pasada investidura de dar el Gobierno al partido más impopular de los últimos 40 años a pesar de que todas las encuestas querían un gobierno de signo contrario. Todo está atado y bien atado.

40 años después de ganar la Guerra Civil volvieron a ganar, y 80 años después siguen ganándola. Tenemos un lugar de culto franquista, el Valle de los Caídos, y cada 20 de Noviembre asistimos incrédulos a actos de exaltación fascista en él mismo y el resto de iglesias por toda la geografía española. Vivimos en un país en el que las víctimas tienen que acudir a la justicia de Argentina para ser reparadas, mientras aquí los verdugos campan a sus anchas protegidos por el sistema. Descubrimos cómo miles de niños y niñas, hijos e hijas de presas políticas, fueron robadas a sus madres por la represión franquista y adoptadas ilegalmente por aquellos afines al régimen. Tenemos una Fundación Francisco Franco, revisionista y con prebendas inauditas, que se dedica a denunciar por vía judicial a los que atacan la memoria del genocida. Luego los que reabren las heridas no son las víctimas, sino los franquistas que contínuamente echan sal a la herida y entierran más hondo a los asesinados que están en las cunetas.

Nos han vendido la idea de que en la Transición se hizo lo que se pudo, parece ser que más bien se hizo lo que se quiso. Así se puede explicar por qué franquistas como Fraga, Martín Villa o Alfonso Osorio, que se acostaron siendo franquistas, se levantaron siendo más demócratas que nadie gracias a un proceso que los protegió de sus responsabilidades durante la dictadura, y seguían mandando, y siguen mandando los mismos, sus herederos. Todos los demás tuvieron que renunciar a algo, ellos no renunciaron a nada.

Esta confesión de Adolfo Suárez deja bien claro que el pueblo español estaba preparado, sabía lo que quería y lo que no, era mayor de edad, renunciaba a paternalismos medievales, no creía en Reyes Magos ni en salvadores mesiánicos. Concluyo resumiendo lo dicho anteriormente parafraseando la famosa cita de Clausewitz: El franquismo por otros medios.

Jonathan Rubio H. - 22/11/2016

lunes, 14 de noviembre de 2016

El emperador y el Imperio

El emperador y el Imperio

Donald Trump durante las elecciones de 2016.

Esta semana pasada se han cumplido lo peores vaticinios posibles: El neofascista, el empresario que perdió 1.000 millones de dólares en 1995, el showman televisivo de realitys, payaso a tiempo parcial y sociópata a tiempo completo, Donald Trump y su discurso, tenebrosamente reaccionario que no sólo no esconde sino con el que dobla la apuesta y se jacta con todos nuestros miedos más atávicos, se han impuesto en las elecciones del Imperio.

Este triunfo implica una doble derrota sin paliativos. La del neoliberalismo, como creador de pobreza, miseria, exclusión, incertidumbre y desigualdad. Y la de la izquierda americana, incapaz de ofrecer una alternativa ante semejante monstruo, llegando a su esquizofrénica delegación en Hillary Clinton.

Fruto de las políticas neoliberales de las diferentes administraciones del Imperio, junto a la incapacidad de la izquierda para ofrecer soluciones, se han generado enormes bolsas de pobreza, miles de trabajadores sin empleos o con miedo a perderlo por los procesos neoliberales de desindustrialización y deslocalización. Junto a esto surge el temor de la clase media a perder su estatus que ha traído consigo el desmantelamiento del estado de bienestar que conocían en estos últimos años.

Todo esto ha servido para que Trump, a pesar de ser un empresario y por tanto un capitalista, haya bombardeado continuamente con un discurso antineoliberal como origen de los males: repudio público y constante al TTIP o NAFTA, incluso a la OTAN, ofreciendo como alternativa el retorno a medidas económicamente proteccionistas y políticamente aislacionistas, nada más alejado del credo neoliberal de los Chicago Boys, y que ha conseguido llegar al corazoncito de la clase obrera y media del Imperio.

El discurso esbozado por este personajillo, tanto en las primarias republicanas como durante la campaña electoral, es la perfecta definición del más puro populismo fascistoide. Continuas apelaciones racistas, homófobas y misóginas confrontadas con su experiencia de empresario y político autohecho (american dream) que se permite el lujo de autofinanciar su propia campaña sin ayuda de lobbys. Además observamos que sus iguales, los Le Pen, Viktor Orban, Beppe Grillo, Nigel Farage, Wilders, Putin, los perturbados del AfD, del Ku Klux Klan o de la Asociación Nacional del Rifle, no han perdido el tiempo en felicitarlo, y felicitarse, por su triunfo.

También conviene recordar las características definitorias del fascismo, expuestas por Umberto Eco en una conferencia de 1995 titulada “El fascismo eterno”, y que muchas de ellas coinciden siniestramente en la persona de Trump:
  • Explotación y exacerbación del miedo a los diferentes, desprecio por los débiles y xenofobia. La deportación de millones inmigrantes, la prohibición de entrada al país de los musulmanes o la construcción de un muro en la frontera mexicana son sus propuestas de sobra conocidas a estas alturas.
  • Llamamiento a las clases medias frustradas. La depauperación y desmantelamiento del estado de bienestar y del american way of life.
  • Machismo y homofobia. La frase aquella de “a las mujeres las cojo por el coño” no necesita más explicación.
  • Culto a la tradición y a un pasado glorioso. El lema usado en la campaña, Make America great again, ilustra perfectamente este punto.
  • El enemigo (el inmigrante) es a la vez muy fuerte y muy débil (quitan trabajos pero podemos echarlos) y el “buenismo” con ellos es igual a colusión con el enemigo.

En el lado opuesto nos encontramos a Hillary Clinton, la histriónica baza antiTrump. Una política patrocinadora de guerras catastróficas, la misma enajenada mental que armó a ISIS tras identificarlos como “rebeldes moderados” o ser la responsable de estados fallidos como el caso libio, en donde se estaba mal pero se ha demostrado que se podía estar peor. La misma persona, tras 20 años encadenando cargos públicos, que en 2014 reconoció que no recordaba conducir ya que iba a todos lados en coches oficiales. La candidata que en su día rescató bancos a costa de personas, que su campaña fue financiada por Goldman & Sachs, y que tenía el respaldo y confianza de los halcones de Wall Street.

Hillary Clinton, con todo esto y más, era reconocida como la candidata dinástica del stablishment, y por tanto como parte del problema. Como remate, y aparte de no plantear ningún tipo de alternativa, su estrategia electoral consistió en no buscar ningún tipo de confrontación con Trump y esperar a que se autodestruyese él sólo con las barbaridades que verbalizaba. Los resultados dan una idea de tamaño despropósito electoral.

En definitiva, la pesadilla Trump ha sido creada por todos: unos, el neoliberalismo, como consecuencia del más puro interés acumulativo capitalista que deja en la cuneta a los que se quedan por el camino sin más alternativas. Nosotros, la izquierda, por no ser capaces de construir un relato y una realidad discursiva que diera las soluciones que demandaba, y que aún sigue demandando, la sociedad a raíz del más salvaje e inhumano capitalismo actual.

Para evitar que surjan otros Trumps es necesario conocer a las sociedades de masas que dan lugar a estos monstruos. Personajes de esta calaña encuentran el terreno abonado cuando los individuos de las sociedades se despreocupan de los asuntos públicos y se centran únicamente en los intereses privados; las personas se aíslan, lo que provoca la muerte de la pluralidad; y surge el sentimiento de pérdida de lo común y de pertenencia a una comunidad.

La primera característica hace que se deriven las otras dos, por lo tanto para evitar que psicópatas mesiánicos como Trump lleguen a ser se hace necesario, y siguiendo a Arendt, politizar el espacio público, que las personas reflexionen, juzguen, se cuestionen, en definitiva , que piensen por sí mismas. Y para politizar el espacio público es imprescindible que la política se haga desde la base, que todos sean partícipes, camino que ya mostró el 15M.

Jonathan Rubio H. - 14/11/2016